Empezar con poco tiempo
Para una persona que comienza, entre 5 y 10 minutos diarios puede ser suficiente. Lo importante no es impresionar a nadie ni cumplir una cifra ideal, sino crear un espacio real de atención.
Meditar cada día unos pocos minutos, con continuidad, suele ser más valioso que practicar mucho tiempo de manera ocasional.
Regularidad antes que duración
La práctica se parece más al cuidado de una planta que a una prueba de esfuerzo. Necesita presencia, repetición y paciencia. Al principio, la regularidad importa más que la cantidad.
Si un día solo puedes sentarte cinco minutos, esos cinco minutos cuentan. Lo esencial es volver.
Cuándo aumentar el tiempo
Con el tiempo, la práctica se va asentando. Puede llegar un momento en que 10 minutos parezcan pocos y el cuerpo pida permanecer más. Entonces puedes ampliar a 15, 20 o 30 minutos sin forzar.
La duración debe crecer desde la madurez de la práctica, no desde la exigencia.
Una idea sencilla
Más importante que contar minutos es observar cómo estás durante ese tiempo: si hay presencia, si hay honestidad, si puedes volver una y otra vez sin violencia a la respiración y al silencio.